Estamos delante de un precioso lineal de botellas de vino decidiendo cuál comprar. Si somos profanos en la materia las etiquetas apenas nos arrojarán pistas acerca de lo que contienen las botellas. Queremos comprar vino, no sabemos cuál elegir, pero no tenemos prisa. Seguimos mirando etiquetas. El vino también es arte en el diseño de sus etiquetas.

Un apreciado cliente de De la Tierra el Vino dice que locales como el nuestro se asemejan a librerías. Al que no le gusta leer, solo ve un producto, libros. Pero al que le apasiona la lectura contempla delante de sí un mundo inabarcable de portadas y contraportadas. El símil nos parece perfecto. Con contadas excepciones, las etiquetas del vino apenas nos revelan más secretos que una novela inexplorada: el nombre más o menos relevante de su autor/productor; un título/nombre, ya sea un bestseller o un producto de nuevo lanzamiento; la información imprescindible para despertar nuestra sed de probar; y esa retórica gráfica que nos atrapó desde el primer vistazo. De ahí el dicho de que la primera botella de vino la vende siempre el diseñador de la etiqueta y la segunda, ya un experto.

 

Un poquito de historia sobre las etiquetas del vino

El vino también es arte en sus etiquetas

Parece ser que los egipcios ya etiquetaban el vino, según José Peñín, aunque la primera etiqueta de la que hay prueba física se atribuye al monje Pierre Perignon (slglo XVIII) y no era más que un pequeño papel pergamino pegado al cuello de la botella. No es hasta el siglo XX cuando, gracias a las nuevas técnicas de impresión con pegamentos, se empezó a incluir diseño en la etiqueta.

El que revolucionó el etiquetado del vino fue el barón Rothschild, propietario del afamado Burdeos Château Rothschild quien, en un hito sin precedentes, encargó al cartelista Jean Carlu diseñar una etiqueta para la cosecha de 1924 –esta etiqueta es el ejemplo por excelencia del denominado arte comercial cubista–.

Veintiún años después, en 1945, recién terminada la II Guerra Mundial, el barón volvió a escribir un nuevo capítulo en la historia de las etiquetas, encargando al pintor Philippe Jullian una nueva etiqueta conmemorativa de la liberación de Francia y de una de las mejores cosechas del siglo. Y a partir de ese momento nació una tradición: unir arte y vino invitando cada año a un artista famoso a etiquetar sus añadas. También españoles, como Dalí, Picasso, Miró, Tàpies o Barceló.

Pero, ¿y en España?

La etiqueta llega a España

El vino también es arte en sus etiquetas
En España, la historia del vino se remonta, como en Francia, a más de tres mil años atrás. Pero no la de las etiquetas, teniendo que esperar prácticamente hasta la década de 1960, cuando el desaparecido David Álvarez, propietario de Vega Sicilia, empezó a formar su gran pinacoteca. Cada año compraba una obra de arte de grandes pintores de prestigio para reproducir en las botellas magnum de Único: Benjamín Palencia, Francisco Bores, Antonio López, Manuel Losada, Isabel Guerra, Miquel Barceló… Es imposible citarles a todos aquí.

En 1992 fue ENATE, de Bodega Enate, la que empezó a incorporar arte a su etiqueta como símbolo identificativo de su carácter. Desde entonces cada una de sus añadas está asociada a un pintor de fama internacional, figurando en la etiqueta una obra original de su autoría especialmente realizada para ENATE. El primero fue el pintor aragonés Antonio Saura, pero su colección incluye originales de Eduardo Chillida, Frederic Amat, José María Subirachs, Hernández Mompó o Manuel Ribera, entre otros.

El actual furor por las etiquetas

Con la entrada en el nuevo siglo, pero fundamentalmente durante esta última década, las etiquetas del vino han sufrido una auténtica revolución en su imagen y diseño. Este furor por las etiquetas, cada vez más originales y curiosas –en formas, colores, minimalismos y mensajes trasmitidos–, se ha convertido en una las apuestas más importantes de muchas bodegas, tras la elaboración de sus caldos.

Este fenómeno, que muchos asocian al enorme auge del mundo del vino y a la necesidad de captar y aficionar a las nuevas generaciones al mágico y fascinante universo de la enología, es hoy la carta de presentación de muchos vinos de calidad aparecidos recientemente y está seduciendo también a muchas de las bodegas tradicionales.

Por supuesto, tanto diseño artístico aplicado a las etiquetas del vino tiene sus amantes y sus detractores. Lo que no se puede obviar es que ha logrado que nadie pase de largo, sin parase a mirar, por un lineal de vinos. La etiqueta se ha convertido, en algunos casos, incluso en el mejor pasaporte hacia la fama de nuevas bodegas. Muy llamativas, provocadoras, están rompiendo todos los cánones de “etiqueta” precedentes, lo que no es malo ni bueno, porque al final lo que seguiremos amando es la lectura. ¡Perdón! ¡El vino!

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies
Share This