“El medio es el mensaje”, que decía McLuhan, incrustándose de forma simbiótica en el contenido y cambiando significados. El famoso profesor ponía como ejemplo una bombilla, simple objeto que, una vez encendido, es capaz de crear cientos, miles, millones de ambientes diferentes. Aplicando este mismo principio al mundo del vino, la copa, ese recipiente que lo contiene, es el que determina colores, aromas y sabores hasta el punto de modificar sus cualidades. La copa importa. Hoy explicamos qué copa usar dependiendo de cada tipo de vino para potenciar sabor y multiplicar la experiencia que la uva, madera, acidez, tanino y alcohol.

Forma de la copa de vino, grueso del vidrio y tamaño

Pero, antes, delimitemos los aspectos básicos de una copa de vino.

La forma de la copa

partes de una copa de vinoTodas las copas se componen de: pie o base (para apoyar y estabilizar la copa); tallo, fuste o pierna (que por norma debe ser lo suficientemente largo para que no necesitemos sujetar la copa con la mano por la parte que contiene la bebida) y cáliz, chimenea o cuerpo (donde se sirve el vino).

El cáliz, chimenea o cuerpo se divide, a su vez, en dos partes: balón (parte abombada, con más o menos anchura que contiene el vino) y boca (más abierta o cerrada, dependiendo de su diámetro). La relación entre tamaño de boca y balón es la que permite una mejor y correcta aireación del vino, potenciando aromas y logrando que el vino fluya suavemente hacia la zona de la boca en la que mejor se aprecian sus cualidades.

Grueso del vidrio

No existe evidencia científica de si el grueso del vidrio cambia las propiedades del vino, pero entre los profesionales hay unanimidad al afirmar que cuánto más fino es el cristal de la copa, mejor sabe el vino.

Lo que sí es un mandamiento es que el vidrio sea totalmente liso y cien por cien transparente. Las modas en menaje evolucionan y hoy vuelven a ser tendencia las cristalerías coloreadas y labradas. No son las más idóneas porque distorsionan, cuando no directamente anulan, los colores del vino.

El tamaño de la copa

Siempre dentro de un orden, en materia de copas de vino, generalmente la norma es que cuánto más grandes, mejor. Las copas pequeñas, como la famosa jerezana –alargada, de tallo corto y cáliz estrecho– es idónea solo para vinos generosos y de postre, muy olorosos intensos.

Para vinos tintos o blancos secos, la capacidad mínima de una copa es 0,35 litros, aunque la mayoría tienen capacidades medias de 0,5 litros e, incluso, más.

Un tipo de copa para cada tipo de vino

Si sois grandes aficionados del vino, conoceréis la marca Riedel y su fascinante colección de copas de vino. Este fabricante de cristal austriaco es considerado el mejor del mundo por todos los expertos, habiendo llegado a desarrollar, tras muchas investigaciones científicas, una copa específica para cada tipo de vino. También hay copa Riedel para los grandes varietales españoles.

Pero siendo prácticos, ¿podemos coleccionar tantos tipos de copas como clase de vino coleccionemos en nuestra bodega? Por fortuna, existen 4 modelos de copas básicos que van a servirnos para toda clase de vinos blancos y para todos los tintos:

Copa Borgoña

A simple vista se la reconoce por ser la copa de vino más grande, con un cáliz voluminoso, balón ancho y un ligerísimo estrechamiento del borde que tiende a abrirse en la boca. Es una copa que permite fantásticamente bien que el vino respire, pero sin dejar que sus aromas se escapen, logrando además que el flujo del vino se deposite y los sabores vayas apareciendo progresivamente. Como su nombre indica, es la copa para los vinos de Borgoña, pero también para nuestros grandes vinos españoles, potentes, más tánicos y con mucha madera.

Copa Burdeos

También conocida como copa de balón, es la copa más estándar, ligeramente más pequeña que la copa Borgoña, con el cáliz más alargado y alto y la boca un poco más cerrada, pero no estrecha. Se la considera la copa estándar porque, a falta de copas más específicas, vale para todos los tintos y blancos. Es ideal para los crianza y vinos jóvenes, al mantener los aromas sin saturar el paladar.

Copa Tulipán y/o Copa Flauta

La primera, como su propio nombre indica, es alta, alargada y más estrecha en boca que en balón, como si de un tulipán se tratase. Es la copa idónea para todo tipo de espumosos porque, por su forma, es la que más tiempo mantiene las burbujas del vino sin dejarlas escapar. También para vinos espumosos está la copa Flauta, aunque en este tipo de copa, las burbujas se pierden antes.

Copa Trompeta, copa Jerez y/o copa Oporto

Además de las tres copas anteriores –Borgoña, Burdeos y Tulipán y/o Flauta– en nuestra cristalería no debería faltar nunca una copa específica para vinos fuertes, densos y potentes, dulces o no. Este tipo de copas –Trompeta, Jerez y/o Oporto– con mucho más pequeñas, con el tallo más corto, al no ser imprescindible sujetarlas por el mismo, y el cáliz alargado.

La música es el vino que llena la copa del silencio”, que decía el famoso rockero Robert Fripp. Ritmos y acordes se dejan sentir en cada trago. Todo gracias a ese gran amplificador, que es la copa.

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